¿Naufrago de verdad o de mentira?
- 23 ago 2025
- 2 Min. de lectura

Escuela de Robinsones – Julio Verne
Escuela de Robinsones (1882) es una novela de Julio Verne que mezcla la aventura clásica con un tono irónico y pedagógico. El protagonista es Godfrey Morgan, un joven millonario de San Francisco, que antes de casarse quiere vivir una experiencia que le permita madurar y poner a prueba sus capacidades. Para ello, decide emprender un viaje alrededor del mundo, acompañado de su excéntrico profesor de baile, Tartlet, un personaje que aporta comicidad a la narración.
Durante la travesía en barco, ocurre un aparente naufragio que los deja a ambos en una isla desierta del Pacífico. Allí empieza la verdadera aventura: Godfrey debe aprender a cazar, pescar, construir refugios, encender fuego y defenderse de los peligros naturales, mientras Tartlet se muestra torpe y asustadizo, incapaz de serle de mucha ayuda. La isla se convierte así en una auténtica “escuela de robinsones”, donde la práctica, el ingenio y la perseverancia reemplazan a la educación superficial que había recibido en su vida acomodada.
Sin embargo, el gran giro de la obra es que el naufragio no fue un accidente, sino un plan cuidadosamente diseñado por su tío y tutor, William W. Kolderup, un acaudalado comerciante que deseaba darle a su sobrino una lección de vida. Todo estaba preparado: desde el falso desastre marítimo hasta la isla, que en realidad formaba parte de sus propiedades privadas. La idea de Kolderup era que Godfrey adquiriera experiencia, carácter y autonomía antes de asumir las responsabilidades de la madurez y el matrimonio.
De esta manera, Verne no solo narra una historia de supervivencia, sino que plantea una reflexión crítica sobre la educación y la formación del individuo. Para Verne, no bastan las lecciones teóricas ni el lujo de la vida urbana: lo que realmente forja a una persona es enfrentarse a la naturaleza, a la escasez y a la adversidad.
El desenlace confirma la intención didáctica: Godfrey regresa transformado, más fuerte, más consciente y con un verdadero sentido de responsabilidad. Tartlet, por su parte, sigue siendo cómico en su inutilidad, sirviendo como contraste y recordatorio de la diferencia entre quien aprende de la experiencia y quien se queda anclado en la superficialidad.
Aunque Escuela de Robinsones no es de las novelas más célebres de Verne, se distingue por su tono satírico, su crítica a la educación vacía y su mensaje sobre la necesidad de probarse en la vida real. Es, en esencia, una novela de formación disfrazada de aventura, donde el naufragio no es tanto una tragedia como una estrategia educativa.


De este libro creo que lo más apasionante es como te atrapa entre la aventura y la reflexión, admiro particularmente como Verne cuida la gramática que usa y eso hace que la narrativa sea agradable, fácil de seguir, logra detallar escenarios y situaciones con un nivel de detalle que me sentía como que estaba viviendo la experiencia.